Dele Viaje 2.0 retomará las historias de La Pupis, Beto, Cami, Macho, el Negro y Lena. Retratará tres historias paralelas de personajes costarricenses -entre 25 y 30 años- atrapados en una montaña rusa interna de miedos, inseguridades y pensamientos negativos. Personajes que quieren darle viaje para detener un ciclo interminable de ansiedad y frustración, pero tendrán que aprender a detener el tiempo, observar y aceptarse, para poder descubrir su pasión, conectar con el corazón y vivir el presente.

Dele Viaje

Dele Viaje 2.0 retomará las historias de La Pupis, Beto, Cami, Macho, el Negro y Lena. Retratará tres historias paralelas de personajes costarricenses -entre 25 y 30 años- atrapados en una montaña rusa interna de miedos, inseguridades y pensamientos negativos. Personajes que quieren darle viaje para detener un ciclo interminable de ansiedad y frustración, pero tendrán que aprender a detener el tiempo, observar y aceptarse, para poder descubrir su pasión, conectar con el corazón y vivir el presente.

Dele Viaje según...

 Recibo el vínculo al capítulo estreno de temporada. Lo abro. Hay una pecera. Un pez gira, gira, da vueltas sobre su propio eje, una y otra vez, me voy atragantando mientras las imágenes se suceden. Una cápsula de poco menos de veinte minutos que resume gran parte de las causas del sufrimiento humano: la vergüenza, el miedo, la ira, la desilusión, la culpa. Me sorprende la profundidad con la que están construidos los personajes de la serie, porque con apenas una pincelada de cada uno esa idea de la desesperación, de la inmensidad del mundo, de lo pequeños que somos, me va sobrecogiendo al punto de que termino la tarde mirando capítulos aleatorios de la temporada anterior – que no tienen mucho qué ver con esta- para tratar de explicarme de dónde viene ese dolor que emana de la juventud.


Los problemas de Dele Viaje son cotidianos: los novios que terminan. El gordo del grupo. La muchacha que regresa y no sabe en dónde está parada. El miedo a ser y sentirse diferente. Hay algo trascendental en toda la construcción de la historia: es una historia llena de miedo a la desconexión. La trabajadora social Brene Brown define la vergüenza como “la intensamente dolorosa sensación o experiencia de creernos defectuosos y por lo tanto indignos de amor y pertenencia – algo que hemos experimentado, hecho o dejado de hacer nos hace indignos de conexión”. La búsqueda de la felicidad es una búsqueda de conexión y pertenencia. Comúnmente se ha asociado esta problematización con la juventud, y se nos hace creer que llegará el milagroso día en el que todas las preguntas tengan respuesta. Pero el tiempo pasa y la vida nos enseña que las preguntas nunca terminan de responderse, que solo van cambiando de contexto y que probablemente nunca lleguemos a saber quiénes somos, qué hacemos acá o cuál es nuestro lugar en el mundo.


En cada una de las tres historias paralelas que se narran durante este capítulo estreno, subyace la metáfora de una pecera en la que estamos atrapados. Y es sencillo identificarse con esa sensación, que – me atrevo a decir- todos hemos experimentado una o varias veces a lo largo de nuestras vidas. Si por la víspera se saca el día, nos espera una temporada productiva en términos de preguntas y situaciones muy pertinentes, que desde una cotidianidad cercanísima (con nombres que se nos hacen familiares, palabras conocidas, usos lingüísticos locales y poco forzados), seguirán cumpliendo con una de las misiones más importantes de la narrativa: contar bien una historia, cualquier historia, pasa por conectarnos con ella, haciendo uso de los recursos que sea, y en este caso, poniéndonos a los espectadores frente a un espejo bastante incómodo, ese que necesitamos para comenzar a hablar de esos temas que se guardan en la gavetas porque nos avergüenzan.